Desde la 42 a la zona colonial para el mundo

 

La pasada semana la zona colonial recibió en sus adoquinadas y empedradas calles, casas e iglesias antiguas a grupos eufóricos de jóvenes que disfrutaban de su derecho a la libertad. En una democracia que con sus bemoles ha tratado de mantenerse a flote luego de un siglo XX lleno de restricciones, es lógico pensar que los aires de libertades inflen los ánimos de los jóvenes, cuyos padres vivieron momentos tan aciagos para su libertad. Las restricciones ya son cosas del pasado, la muestra está con la franqueza que jóvenes extasiados por el uso de sustancias alucinógenas se presentan en los medios digitales en la calle 42 del populoso sector de capotillo, lugar donde las autoridades le está impedido molestar, aun a sabiendas que las sustancias utilizadas están prohibidas por la ley penal.

Libertad implica que las personas puedan decidir realizar su proyecto de vida, sin más limitaciones que el respeto al derecho de los demás. Implica que toda libertad tiene límites legales, morales y sociales. De ahí que no existe libertad sin responsabilidad. De hecho, la otra cara de la libertad es la responsabilidad, es decir, derechos y obligaciones son ambas caras de la misma moneda. Sin embargo, hemos llegado a un punto donde solo queremos libertad para hacer lo que se nos venga en ganas, sin preocuparnos por responder de nuestras obligaciones.

Escenas publicadas en las redes sociales y medios de información sobre lo que pasó en la celebración de la fiesta de “Halloween” en la zona colonial, nos permite tener una idea de cuando los derechos sin obligaciones se convierten en libertinaje. Son escenas que evidencian el deterioro que ha sufrido el ensayo de democracia que hemos estado por construir en los últimos años. No hemos pasado la prueba, nos encontramos en una encrucijada sobre los fines que debe perseguir una sociedad libre.

Debemos estar conscientes que el sistema democrático es el mejor de todos los sistemas hasta ahora conocido, pero no se puede considerar la existencia de democracia sin consecuencias para el incumplimiento de las normas que regulan la convivencia pacífica de las personas. La falta de cumplimiento de reglas, las excesivas permisiones sin consecuencias legales nos llevan al caos, desorden y finalmente a la pérdida total de la democracia.

Quienes entienden que debe existir un orden en todas las cosas recurren con más frecuencia a desear, añorar y finalmente elegir gobernantes no democráticos, precisamente por la desconfianza que siembra en la población una democracia sin orden ni consecuencias. El sistema democrático está en decadencia y se debe a las libertades sin responsabilidades, eso es lo que sucede en la 42 y lo que se trasladó a la zona colonial en la celebración de Halloween el pasado fin de semana. El desorden e irrespeto al derecho de propiedad y de libre circulación sin que apareciera una autoridad que detuviera lo que estaba pasando es cada vez más frecuente en nuestras débiles democracias.

Es propicio analizar lo que ha sucedido en otros países como Brasil, El Salvador, Guatemala, Ecuador y otros países latinoamericanos, donde la población por las decadencias del sistema democrático se inclinó por gobiernos de manos “duras”, que degeneran en restricciones a las libertades esenciales. Sin embargo, las personas mantienen su apoyo a esos gobiernos que generalmente centran sus esperanzas en un líder fuerte que pueda poner orden a la debacle e irrespeto de las normas. 

El caso más emblemático es El Salvador, donde las bandas tenían control absoluto de algunas localidades “libertad sin responsabilidad” llevó al país a elegir un líder que actualmente goza de mucha popularidad sólo por haber enfrentado las bandas, aun a costa del irrespeto a las libertades individuales. Ojalá podamos hacer cumplir las normas existentes para no tener que llegar a elegir un líder de mano dura, en vez de un partido del orden democrático.

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