SER O DEBER SER: TEORIA O PRÁCTICA. ENTRE LA LEY Y EL DERECHO.

II de III

La ley es igual para todos, es única, general y abstracta. No prohíbe más que lo que sea necesario y útil para la sociedad, en un ambiente de equilibrio entre los derechos individuales y el bien general. Por eso el derecho se apoya para concretar su finalidad de justicia en la ley, la cual es sinónimo de justeza.

El camino que ha recorrido el derecho no ha sido recto, transitando desde el conjuro y ordalía, hasta los usos y costumbre a la ley. De hecho no son pocos los estudiantes y abogados con confunden la Ley con el Derecho. Donde la primera es un sinónimo del segundo, formando una especie de vínculo donde es difícil escindir una del otro.

Atravesando durante siglos por muchas etapas la Ley logro un lugar cimero en la definición del concepto “Derecho”, llegando a un punto en el cual llego a no existir discusión sobre el lugar que ocupaba la Ley en las fuentes del derecho, que sin duda era el primer lugar.

Hoy día la Ley sigue teniendo un lugar de preeminencia entre las fuentes del derecho, sin embargo, no conserva la divinidad que tenía en el siglo XIX. Su competencia con otras fuentes del derecho aunque mantiene un lugar privilegiado no es considera como fuente primigenia por muchos autores, que incluso dudan de su bondad y eficacia. En ese tenor el profesor español Alejandro Nieto en su libro “Critica de la Razón Jurídica” nos dice: “Cuando la ciencia jurídica llego al convencimiento de la incumplitud e insuficiencia de las leyes, incluso contando con los reglamentos, tuvo que buscar otro concepto más amplio que el de las normas escritas (Nieto, 2007)”.

Lo anterior implica que para la Teoría del Derecho considerado como un Ordenamiento Jurídico la ley es una parte del derecho, pero no lo es todo, pues dentro del ordenamiento conviven otras normas-principios, valores, actos privados, etc.-que en ocasiones tienen más impacto al ser aplicado para resolver el conflicto que si se optara por la ley.

Además la venerable ley ya no lo es tanto, dado que la misma hoy sabemos que no es la libérrima manifestación del pueblo como se nos quiso vender con la revolución burguesa, es decir, que no emana de manera directa de los representantes como un mandato del pueblo, sino que, en la mayoría de los casos es fruto de arreglos entre grupos de poder-políticos, empresarios, iglesias, etc.-que solo representan sus propios intereses, mas no le interesa el parecer de los ciudadanos (Pueblo).

A ese respeto dice Alejandro Nieto “El colmo de la perversión normativa tiene lugar cuando la ley provoca deliberadamente una distorsión económica y social en beneficio de ciertos grupos o personas. Aquí la ley manifiesta con absoluto cinismo su condición de instrumento de poder, mas no de un poder abstracto que puede ser bien intencionado y altruista sino del poder entendido como aparado de extorsión en beneficio de sus titulares políticos y sus aliados sociales (Nieto, 2007)”.

Es evidente que la función de abstracción que tiene la ley ha perdido vigencia frente a la realidad que cada día observamos (Ley de partidos políticos, régimen electoral, reforma fiscal, código penal, código procesal penal, presupuesto, etc.) cada una de estas leyes se discuten, aprueban y promulgan sin tomar en cuenta el destinatario que es la sociedad en sentido general. “Lo único seguro es que los parlamentarios actúan como instrumentos de otras fuerzas, no siempre conocidas, que manejan los hilos del poder desde fuera del Derecho y con frecuencia desde fuera del Estado (Nieto, 2007)”.

En este punto podemos asegurar que el SER y el DEBER SER en cuanto a la capacidad que tiene la Ley para la realización del Derecho ha quedado en una quimera jurídica, donde la ley solo ha servido de celestina que encubre los más oscuro propósito del Estado en perjuicio de la sociedad. Ello nos permiten afirmar que si bien la ley tenía técnicamente la connotación de realizar el DEBER SER del derecho, hoy día no es más que un SER atrofiado, donde los órganos que servían para la realización de la justicia, solo sirven para mantener el estatus quo de los grupos de poder.

Al final solo nos queda luchar por el DEBER SER del DERECHO que según RUDOLF VON IHERING “Esta lucha por el Derecho es una obligación moral de toda persona para como parte de la obra Nacional para formar un equilibrio justo en la sociedad”.

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