QUIEN HA DE DIRIGIR EL RUMBO DE LA ONDP

En las sociedades actuales las crisis son una fuente inagotable de cambios positivos, en ocasiones implica que de los procesos de crisis institucionales surgen ideas, que puesta en funcionamientos por personas con visión estratégica rescatan los paradigmas más arraigados de las instituciones que han pasado por la crisis. Es innegable para quienes conocen el proceso que está pasando la Oficina Nacional de la Defensa Pública, que la misma está atravesando un proceso de incertidumbre proyectado en el cambio que ha de suceder en la dirección de la institución.

Ese cambio en la dirección de la institución no se ha producido desde la implementación de la Ley 277-04, es decir, que desde el inicio de la Oficina Nacional de Defensa Publica sustentada en una ley, su dirección ha estado en manos de las mismas personas, ello obviamente ha tenido luces, que han sido ensombrecidas por no haber operado un cambio en la dirección en su momento. Por ello ante la situación de cambios que necesariamente tendrá que producirse en su dirección, habrá que analizar cuál sería la mejor opción para dirigir dicha institución y mantener la mística con la que sus miembros eran identificados en todo el ámbito del sistema de justicia penal, cambio que ha de estar sustentado en un liderazgo estratégico, cuya visión en la sociedad del conocimiento es, que los líderes de las organizaciones logren proyectar a largo plazo las instituciones.

La escogencia de quien dirigirá la institución es una compleja decisión que tendrá que afrontar el Consejo Nacional de la Defensa Publica, éste órgano es el legalmente instituido, para de una terna que le sea sometida escoger el candidato o candidata más idóneo para dirigir estratégicamente la Oficina Nacional de la Defensa Publica. Dado la especialidad que debe tener quien haya de dirigir los destinos de la institución por los próximos seis años una vez elegido, se debe estar atento a los postulantes, sobre todo tratándose de una institución cuya dirección actual ha estado siendo cuestionada interna y externamente por la forma en la que se ha conducido en los últimos años en detrimento del activo más importante que son sus defensores públicos.

Partiendo de lo antes expuesto la Dirección de la Oficina Nacional de la Defensa Publica que surja del concurso, deberá trazar las estrategias que permitan relanzar los niveles de calidad y mística con las que ha sido identificada la institución durante sus primeros diez años de existencia, dado que los cuestionamientos a la calidad en los últimos años y los enfrentamientos innecesarios con su personal interno, además de confrontaciones hacia afuera con el órgano que representa los abogados a nivel nacional, le ha generado crisis internas, reflejada a lo externo. Por ello la dirección que surja del proceso que ha de iniciarse con la convocatoria a concurso para la dirección de la institución, deberá recaer en manos de alguien que conozca la institución internamente y las labores que realizan los defensores públicos, investigadores públicos, trabajadores sociales y personal administrativo, pero que además sea un ente de equilibrio con otros órganos del sistema de justicia, en los cuales el Colegio Dominicano de Abogado no es un ente extraño, independientemente de quien esté al frente de este último.

De ello se desprende que quien resulte ser director/a de la Oficina Nacional de Defensa Publica, deberá ser un estratega experimentado-tal como lo son los buenos defensores públicos-con un perfil conciliador, visionario, preparado académicamente, experiencia en las funciones de los defensores públicos, manejo institucional, mística de trabajo y además condiciones humanas extraordinarias al momento de enfrentar una crisis institucional. Condiciones estas que reúne un dominicano que fue defensor público excepcional, ser humano extraordinario y conocedor de las necesidades que debe enfrentar la Oficina Nacional de Defensa Publica, para seguir siendo la institución que garantice los derechos de toda persona sometida a un proceso penal que por alguna razón no tenga abogado, además de que los defensores públicos sientan que sus funciones dentro de la sociedad es uno de los trabajos más dignos que puede tener cualquier abogado penalista. Esas características las reúne un profesor de varias generaciones de defensores públicos Jacinto Castillo Moronta.

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