Only maestros, no fans

 

La maestra envuelta en un escándalo virtual y presencial por haber publicado fotos en una Red Social para adultos denominada Only Fans, parece que además de profesora pretendía ser una productora de contenidos para adultos en la virtualidad. El escándalo que ha generado la información ha llevado como en todas las informaciones que se vuelven virales, a posiciones encontradas entre los que defienden el derecho que tiene cualquier profesional a tener una esfera de su vida que la institución para la cual labora no debe inmiscuirse y otros que abiertamente cuestionan la supuesta inmoralidad de la actuación de la maestra.


Siempre es importante escuchar las dos versiones de los hechos para poder tener un juicio de valoración adecuado al contexto en el cual se genera el hecho para poder ser objetivo en cualquier opinión. De ahí que en principio no me inclino a favor, ni en contra de la maestra, sin embargo, sí es necesario hacer algunas precisiones que en los últimos tiempos post pandemia han estado incidiendo en la sociedad, que está tomando un rumbo muy desafortunado, no sólo en la República Dominicana, sino a nivel global.


Es preciso decir, que existen esfera de la vida privada del ser humano que están íntimamente ligada al derecho fundamental a la intimidad. Ahora bien, esa intimidad no puede ser un escudo para realizar actos que afecten los derechos de terceros en franca impunidad, verbigracia, exponer públicamente menores de edad sin el consentimiento de sus padres es una conducta penalmente relevante, pero reprochable desde el punto de vista moral.


Si bien, existe ese margen de privacidad en la vida de cualquier profesional, donde ni siquiera la institución para la cual labora debe entrometerse, no menos cierto es que las expectativas sociales que tiene el común de los ciudadanos es que quienes forman parte de cualquier institución públicas o privada debe tener un comportamiento acorde con ciertos cánones morales que la sociedad y las instituciones dan por hecho que sus miembros deben cumplir.


Se espera por tanto que todo profesional que labore en el sector público o privado  actúe conforme a ciertos principios éticos y morales en su vida privada que no transgrede las expectativas que se ha creado el ciudadano sobre las instituciones que les sirven. Estas expectativas crecen cuando se trata de instituciones que están llamadas a educar a nuestros hijos sustentado en principios éticos que debe garantizar el Estado. Dado que aunque la moral es una norma subjetiva, que sólo atañe al fuero interno del individuo, es decir, su propia  conciencia, no puede ser saludable para la sociedad que la moral individual de un servidor público diste de tal manera con la moral que la sociedad se ha trazado.


Es necesario hacer una separación entre la vida privada y la vida pública de un servidor público o privado, pues en su vida privada tiene derecho a realizar cualquier actividad lícita que no afecte o sea incompatible con la función que ejerce, pero en modo alguno es una licencia para que, valiéndose de su posición, ataque la integridad psíquica o física de quienes están bajo su tutela.


La maestra tiene pleno derecho a tener en este mundo digitalizado las redes sociales que ella desee, hacer en su horario no laboral las actividades privadas que prefiera, lo que no tiene el permiso de la norma, ni la moral social e institucional es involucrar sus estudiantes en esas actividades.

El profesor, maestro, orientador o docente, debe ser un referente idóneo para los alumnos. Convertirse en un ente perturbador para el desarrollo emocional y profesional de sus alumnos debe ser un acto cuestionable ahora y en el futuro si así sucediera, sea con la maestra actual o con cualquier otro maestro llamados a ser referencia para sus estudiantes.


La libertad deja de ser un derecho, cuando pasa a ser libertinaje. Debemos separar los Only Maestros, de los Only Fans.

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