La aciaga labor de pedir justicia

 

La sociedad al gobierno, los sectores empresariales y laborales al congreso, el demandado y demandante al tribunal, la víctima y su verdugo al juez. Todos en sus respectivas calidades entienden tener la razón y por eso solicitan que le sea otorgada por quien tiene el poder para ello. En las demandas al gobierno para que realice obras, al congreso para que haga leyes y a los tribunales para que emitan sentencias, cada una de las partes solicitantes entienden que lo justo es que se cumplan sus demandas, pero muchos no tienen el conocimiento de que significa la justicia, para que sirve y cuándo debe ser aplicada.

Cuando la solicitud, exigencia o pedimiento de justicia lo realiza un profesional, que tiene conocimiento sobre cuál es la finalidad de la justicia y cuando debe ser aplicada, la labor resulta desconcertante, dramática, desgarradora y hasta dolorosa. Conocer lo que es justo y no hacerlo es un desvalor, pero cuando además se sabe que lo justo exigido es una obligación de la parte que tiene el poder para otorgarlo y no recibirlo se convierte en lacerante. Esto lo vive el profesional del derecho que sabiendo que existen los medios legales e idóneos para cumplir con la justicia, le he denegado.

La justicia puede ser un término borroso, ambiguo e impreciso, sin embargo, cada disposición legal debe contener en sí misma un fin justo, de lo contrario no puede ser considerada norma. De ahí que cuando se exige la aplicación de las normas del debido proceso, ya sea en materia civil, penal o administrativa, sólo se persigue el fin último que debe tener todo proceso, sin importar las características propias del caso, debe en primer lugar otorgar la razón a quien la tiene.

Los abogados que cada día nos enfrentamos al desafío de solicitar la aplicación de la ley-lo justo-vivimos desesperanzados, inquietos e inseguros, sobre las decisiones que tomarán las autoridades que tienen el sagrado deber de impartir justicia. Si bien, las partes que son víctimas, imputados, demandantes o demandados, son los que reciben las peores consecuencias cuando ven frustrados sus anhelos de recibir lo que es justo, el abogado que consciente de lo que debía ser la decisión es injustamente contrariado en sus pretensiones, siente el peso de conocer el debido proceso y por ende consciente de cuál debió ser la decisión le afecta doblemente.

Conozco héroes anónimos que se han desgastado por años en un proceso penal o disciplinario hasta lograr que finalmente alguien decida lo que es justo, por eso entiendo que se trata de una labor aciaga. Pues, aunque se siente la satisfacción de no haber claudicado en la lucha por la justicia, el tiempo transcurrido, los sinsabores vividos durante el proceso dejan un sabor agridulce y nefasta. Dulce porque finalmente se logró el objetivo justo perseguido. Agrio debido al desgaste emocional y físico que impacta la vida de los involucrados, no solo la parte gananciosa, también los afectados. 

Ser testigo referencial de la lucha enardecida que han llevado personas en contra de sus propias instituciones, las cuales están llamadas a ser garantes del debido proceso y soslayando lo que es su deber se enfrascan en una lucha interminable por desconocer lo que debe ser un proceso disciplinario justo, es un motivo para entender que la lucha por la justicia no es cuestión de personas normales, que se detienen ante el primer obstáculo, solo personas con la determinación y la valentía de héroes pueden enfrentar un sistema legal con deficiencias no en las leyes, sino en la aplicación de éstas. 

Pero como Desiderata “Aún con toda su farsa, penalidades y sueños fallidos. El mundo es todavía hermoso. Si se hace lo justo, será mucho más hermoso.

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