Roque Dalton: el poeta que se resiste al olvido


Era el año de 1983 cuando escuché por vez primera el nombre de ese gigante de la poesía latinoamericana llamado Roque Dalton García.

Todo ocurrió en medio de una conversación informal que sostenía el periodista Aquino Arroyo, mi tío, con un miembro del Partido Comunista Dominicano, organización política de la que ambos formaban parte, y en la que se elogiaba la calidad poética de Roque Dalton, o, por lo menos, eso fue lo que me pareció.

Como no entendía absolutamente nada de poesía, lo que más me llamó la atención fue su nombre. Me resultaba asombroso que un poeta pudiera llamarse Roque Dalton.

En esa época era muy difícil encontrar textos de Roque Dalton en las librerías dominicanas. Dalton era un escritor prácticamente prohibido por su condición de militante comunista a tiempo completo, a pesar de que la calidad poética de sus trabajos estaba fuera de toda duda.

Desde muy joven Dalton se involucra en las luchas políticas de su país El Salvador, al que cariñosamente le llamaba el pulgarcito de América.

En un poema titulado “Buscándome líos”, narra su primera experiencia en una reunión política.

Buscándome líos

La noche de mi primera reunión de célula llovía
mi manera de chorrear fue muy aplaudida por cuatro
o cinco personajes del dominio de Goya
todo el mundo ahí parecía levemente aburrido
tal vez de la persecución y hasta de la tortura diariamente soñada.

Fundadores de confederaciones y de huelgas mostraban
cierta ronquera y me dijeron que debía
escoger un seudónimo
que me iba a tocar pagar cinco pesos al mes
que quedábamos en que todos los miércoles
y que cómo iban mis estudios
y que por hoy íbamos a leer un folleto de Lenin
y que no era necesario decir a cada momento camarada.

Cuando salimos no llovía más
mi madre me riñó por llegar tarde a casa.

En otro poema de esa etapa inicial de agitador estudiantil titulado “Recuerdo y preguntas”, escribe:

Aquí en la universidad
mientras escucho un discurso del rector
(en cada puerta hay policías grises
dando su aporte a la cultura),
asqueado hasta la palidez, recuerdo
la triste paz de mi pobreza natal,
la dulce lentitud con que se muere en mi pueblo.

Mi padre está esperando allá.
Yo vine a estudiar
la arquitectura de la justicia,
la anatomía de la razón,
a buscar las respuestas
para el enorme desamparo y la sed.

Oh noche de luces falsas,
oropeles hechos de oscuridad:
¿Hacia dónde debo huir
que no sea mi propia alma,
el alma que quería ser bandera en el retorno
y que ahora quieren transformarme en trapo vil
en este templo de mercaderes?

Ya en esa época Dalton comienza a vivir una vida sumamente intensa en lo político como en lo literario, oficio que utilizó para difundir sus ideas políticas y la visión que tenía del mundo. Este manojo de poemas intimistas, testimoniales y amorosos así lo indican.

Hora de la ceniza
Finaliza septiembre. Es hora de decirte
lo difícil que ha sido no morir.
Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo,
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.
Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.
Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que exigió la esperanza.
Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.
Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.
Siento deseos de reír
o de matarme.

Alta hora de la noche
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

Desnuda
Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua
cuando entre sus paredes me sumerjo.
Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como a un niño perdido
que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas.
Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que se nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a la sombras los deseos me ladran.
Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.
El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

Ya ves como

(De México, 1961)

Ya ves cómo de todo lo que esperabas
ayer en las tertulias de la Facultad
sólo has venido a ser un gran amor del exiliado.

Tú que ibas a irte con príncipes
de fiesta por Europa que ibas a heredar
a tres o cuatro viejos honorables
tú la del coche envidiado y el traje de piel olorosa
tú la de grandes brazaletes de plata
pero sobre todo tú la de los ojos más bellos
en toda la extensión de la ciudad
ahora estás dormida
en los brazos del pobre solitario.

Yo veo la crucecilla brillante en tu pecho
mi retrato de Marx en la pared
y creo que la vida a pesar de todo es bellísima.

Lo terrible

Mis lágrimas, hasta mis lágrimas
endurecieron.

Yo que creía en todo.

En todos.

Yo que sólo pedía un poco de ternura,
lo que no cuesta nada,
a no ser el corazón.

Ahora es tarde ya.

Ahora la ternura no basta.

He probado el sabor de la pólvora.

El 10 de mayo de 1975, Roque Dalton, el hombre al que Silvio Rodríguez le dedicó la canción mi unicornio azul, Roque Dalton, el poeta consagrado con las luchas de su pueblo y que fue varias  veces apresado por sus enemigos de la derecha; Roque Dalton, el poeta que se le escapó varias veces a la muerte, fue vilmente ejecutado por sus “amigos” del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) bajo la falsa acusación de ser un agente de la CIA.

De ese lamentable y vergonzoso hecho se cumplirán 43 años este jueve, y aunque no se sabe dónde está su cuerpo porque sus ejecutores no han tenido el valor de decirlo, Roque Dalton vive en cada poema que escribió y, por tanto, conocer su obra sería el mejor tributo que se le puede rendir.

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