NOTA CULTURAL —Celebrando el Día de la Altagracia

Hoy, 21 de enero, es el Día de la Altagracia, la Virgen Protectora del pueblo dominicano. Su devoción inició en la etapa colonial de la isla, con la fundación de la parroquia de la villa de Salvaleón de Higüey, el 12 de mayo de 1512, por decisión del obispo Fray García de Padilla. Diferentes fuentes consultadas refieren que para la época de la creación de la parroquia llegaron a la villa de Higüey los hermanos Alonso y Antonio Trejo, quienes trajeron desde España la imagen de la virgen, y ofrecieron la construcción de una parroquia para exhibirla, y de esa manera la comunidad la pudiera

El culto a la virgen se propagó rápidamente. En principio se tomó como día especial de veneración el 15 de agosto, porque justamente un 15 de agosto fue que los hermanos Trejo trajeron al país la imagen de la virgen. Más adelante, en los primeros meses del año 1900, monseñor Arturo de Meriño, en su rol de Arzobispo de Santo Domingo, solicitó al papa León XIII que le concediera el “Oficio Divino y Misa Propia” para celebrar el Día de la Virgen de la Altagracia, y que se designe el 21 de enero para dicha celebración, ya que el 15 de agosto la Iglesia Católica lo tiene reservado para la celebración de la “Solemnidad de la Asunción de la Virgen María”; la solicitud fue concedida. Sobre la razón para trasladar la celebración para el 21 de enero, no existe una historia documentada. Algunos relatos, no confirmados, dan cuenta que el 21 de enero de 1691 los españoles hicieron una gran fiesta religiosa por haber vencido al ejército francés en la Batalla de la Sabana Real. Lo que sí está documentado es que el 28 de noviembre de 1924, siendo Horacio Vásquez presidente de la República, el Congreso Nacional aprobó la Ley No. 70, que declara el 21 de enero como “Día no laborable y de Fiesta Nacional en celebración de Nuestra Señora de la Altagracia”.

Termino esta nota con un fragmento del poema “¡Oh! Virgen de la Altagracia” de la autoría de Nelson Nicolás Deschamps, cito: “¡Oh! Virgen de la Altagracia a tus pies vengo de hinojo / Quiero que al verme en tus ojos derrame tu bendición / Y sentir la sensación de que estás en mi vivir / Para calmar mi sufrir guárdame en tu corazón”.

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