La corresponsabilidad social en delitos de violencia de género.

La evolución de la sociedad humana ha ido de la mano con la evolución del derecho, éste último detrás de los cambios ya producidos en la sociedad. La formación de la sociedad tuvo como punto de partida de conformidad con la ciencia la necesidad de los seres humanos de protegerse de los ataques de la naturaleza y de otros animales más fuertes físicamente que el hombre. Esta necesidad convierte al hombre sedentario y a la vez en proveedor de alimentos a través de la caza, recolección de frutos y más tarde en la producción organizada de cultivos.

La necesidad de reproducción y protección hace que la mujer asuma la responsabilidad de mantener el crecimiento de los grupos sociales organizados, atreves de dar a luz la criatura, la cual lleva en su vientre durante aproximadamente nueve meses. Partiendo de ello, cuidar la criatura en el hogar, organizar las tareas en el lugar que habitan-cuevas y chozas-recaen sobre la mujer, el hombre una vez terminada la faena del día regresaba al hogar a descansar y alimentarse. Esta forma de desarrollo social logró evolucionar en base a una desigualdad exponencial en detrimento de la capacidad de decisión de la mujer, respeto al hombre. De ahí que a medida que la sociedad avanza esta desigualdad se normaliza en una situación de hecho aceptable, tolerable y socialmente aceptada.

La aceptación del status quo, permite que se mantengan situaciones fácticas en las sociedades que son incompatibles con el desarrollo de los derechos humanos, especialmente, en cuanto al derecho de igualdad entre todos los seres humanos, una igualdad que debe tener como fin esencial la erradicación de posiciones privilegiadas de unos en detrimentos de otros-principio de no discriminación-de donde se debe colegir que ningún ser humano debe servir como medio para obtener un fin-Kant-es decir, es un fin en sí mismo. De ahí que el género femenino, visto con la finalidad de procrear, criar los hijos y atender al marido en el hogar, se tomo como un medio para alcanzar un fin, el cual consistiría en la realización del hombre como ser humano, tomando a la mujer como medio para esa realización.

Aceptada esa situación fáctica por los miembros de la sociedad como algo normal, convierte a la sociedad en corresponsable de los delitos cometidos por el género masculino en contra del género femenino. Esa corresponsabilidad vincula esencialmente al Estado en los delitos de violencia de género que se cometen en la sociedad dominicana. Dado que el Estado como ente regulador de la conducta a través del Ius Puniendi estatal debe procurar la prevención de tales delitos mediante programas que permitan detectar, tratar y evitar los delitos en contra de la mujer.

En base a ello nuestro ordenamiento procesal penal en el artículo 344 del Código Procesal Penal establece que los tribunales al momento de determinar la responsabilidad penal deben verificar si en la comisión del delito ha existido negligencia o fracaso de los programas de asistencia, educación y prevención. Implica que el Estado en virtud de la facultad que le ha concedido la sociedad para regular la vida, debe lograr a través de los procesos de orientación y educación ciudadana, que el hombre entienda que la igualdad entre hombres y mujeres no significa un enfrentamiento por el poder entre ellos, sino, que debe servir para lograr una sociedad más equilibrada a favor de todos los miembros. Sin embargo, los programas de orientación y educación ciudadana en erradicación de violencia intrafamiliar y de género han invisibilizado el hombre, pues solo se han enfocado en empoderar la mujer del derecho legitimo a la igualdad que tiene, pero ello no es suficiente, hace falta orientar y educar a los hombres de que el reconocimiento de esos derechos es algo legitima, idóneo y necesario para el beneficio de todos.

Finalmente, reconociendo que los programas de educación y prevención de la violencia de género e intrafamiliar no se erradica con la sola orientación de la mujer, sino, incluyendo al hombre en los mismos, podremos lograr evitar más derramamiento de sangre inocente, disminuir la cantidad de niños, niñas y adolescentes huérfanos, vivir en una sociedad más justa e igualitaria. De lo contrario seguiremos siendo todos, conjuntamente con el Estado corresponsable de estas tragedias que cada día se vuelve más sangrienta, pues no terminamos de llorar una joven abogada asesinada frente a sus hijos, cuando nos bombardea la muerte de una madre a manos de su hijo. Todos debemos ser parte de la solución o todos seguiremos siendo corresponsables.

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