HIPOCONDRÍA SOCIAL DOMINICANA: REALIDAD O FICCIÓN.

La hipocondría puede ser definida como un trastorno sicológico o siquiátrico en el cual quien la padece exagera de forma irracional el padecimiento de una enfermedad real o ficticia que lo convierte en esclavo de sus propios pensamientos y miedos. El hecho de que la enfermedad sea real no lo exime de los problemas que acarrea a su vida los miedos que padece, los cuales pueden llagar a ser desenfrenados.

La sociedad dominicana podría llegar a sufrir una especie de hipocondría debido a las exageraciones reales o no de ciertos acontecimientos que en ocasiones le impiden ver los hechos tales como suceden. Hemos exagerado un crecimiento económico que podría llevarnos a creer que ciertamente estamos viviendo la bonanza más importante de nuestra vida republicana, pero disminuyendo exageradamente que estamos hipotecando paulatinamente el futuro de la nación con empréstito irresponsable. Esto nos imposibilita ver por demás que en la realidad el crecimiento no es de la sociedad en su conjunto, si no de un pequeño grupo-Empresarios y Políticos-en ocasiones fusionados en la misma persona-que en su hipocondría real de riquezas quieren extrapolar a los medios de comunicación que todos disfrutamos de esas bonanzas.

Existe real o no un alarmante incremento de la corrupción-pública y privada-pero trastornados hipocondríacos han pretendido que el sometimiento penal de algunos adversarios políticos-internos y externos-es una muestra irrefutable de que la corrupción se está combatiendo e incluso que ha disminuido a niveles tales que no hay de qué preocuparse, pues en todas las épocas y sociedades ha existido la corrupción, dicen que es un “mal necesario”.

La hipocondría social ha llegado al extremo de que el Procurador General de la República haya expresado que los femenicidios han disminuidos en el país en un 18 % durante este año, realidad o no, lo cierto es que cada día siguen muriendo mujeres a causa de la violencia intrafamiliar y de género en los hogares dominicanos. Sin embargo parece mejor para las autoridades exagerar la solución que se le está dando al flagelo, porque con ello nos hacemos más graciosos con organismos internacionales que aportan fondo, mientras seguimos enterrando cada día nuestras mujeres a causa de la violencia.

La ficción ha llegado a unos hipocondriacos legisladores que aprobaron un proyecto de ley que castigaría a los hombres que asesinen mujeres con una pena de 40 años de cárcel, pero sin detenerse en la realidad de que las leyes penales entran en función una vez se ha producido el daño, que el problema debe ser abordado a través de políticas públicas de educación en valores y principios no machista, pues los mismos que aprueban esas normas son los que se quitan correas en contra de las legisladoras en el propio hemiciclo. Oh Dios, cuanta hipocresía!!!

Los políticos, empresarios, funcionarios judiciales y policiales siguen en forma instintiva las opiniones e informaciones que emiten a la población sus voceros, sin detenerse a observar que cada día que pasa la sociedad se va desangrando por la corrupción, delincuencia, falta de institucionalidad, etc., pero preferimos seguir trastornados hipocondriacamente exagerando los números de las disminución de la pobreza, violencia, falta de educación y deterioro institucional, en vez de enfrentar la realidad. De todas maneras la verdad es una construcción social, cuyos resultados pueden aun siendo falsos crear una expectativa de verdad inexistente.

La sociedad actual dominada por la post-verdad-mentira emotiva introducida por un neologismo que describe la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales, en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales-está creando al antojo de quienes ostentan el poder una realidad que aun siendo falsa al estilo la hipocondríaco, puede llevarnos a un especie de trastorno que no sabremos si estamos ante la realidad o una ficción, pero igual de perjudicial para la salud de la sociedad.

Al final todos quedaremos trastornados de una hipocondría donde no sabemos si estamos enfermos o solo exageramos unos síntomas que reales o no, podrían llevarnos al mismo resultado, ser esclavos de los miedos que nos impiden reaccionar ante los males institucionales que deterioran de manera irreversible la salud de la sociedad.

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