CUANDO LA VICTORIA ES UNA PENA

Pena es la consecuencia jurídico-penal impuesta a un individuo por haber violentado la norma penal, la capacidad de imponer penas le está reservada al Estado-Ius Puniendi-, siempre que se haya podido demostrar mediante un juicio que la conducta endilgada a la persona reúna las condiciones de acción, típica, antijurídica y culpable. Esa capacidad estatal está diseñada para lograr una convivencia social “pacífica” entre los miembros del conglomerado social.

El Estado tiene la facultad, previo a determinar si la persona merece la imposición de una pena, mantener el pleno goce del derecho a la libertad ambulatoria-libertad personal-hasta tanto pueda demostrar la culpabilidad, o en su defecto, ordenar su ingreso a un centro de privación de libertad-medida de coerción personal-ésta última alternativa se utiliza en cerca del 70 por ciento de las casos en nuestro país, es decir, que la persona es recluida a esperar en una cárcel a que se determine la responsabilidad penal.

En un gran porcentaje, luego de haber cumplido un largo periodo privado de libertad, la acusación no puede demostrar que la persona cometió el hecho que se la había imputado y por tanto la persona siendo inocente tuvo que sufrir los rigores de una prisión.


Paradójicamente en la República Dominicana esa privación de libertad de personas aun siendo inocentes es llevada a cabo en “La Victoria”, un lugar inhumano, atroz y carente del mínimo vital para un ser humano pernotar en el mismo, aun siendo el más vil de los criminales.

El nombre de “La Victoria” viene dado por la comunidad donde se encuentra ese centro de reclusión perverso e inhumano. Es un recinto construido en el año 1952 para albergar a unos 1200 prisioneros, hoy tiene casi ocho mil almas según las autoridades del Ministerio Publico, entre condenados, preventivos e inocentes.

Independientemente de que se les han añadido algunas áreas a la construcción original, es un lugar que utilizó la dictadura de Trujillo para encerrar y torturar a enemigos políticos, cosa que no ha cambiado mucho si observamos las condiciones en las que malviven esos casi ocho mil privados de libertad.


La “Victoria” es un verdadero monumento a la deshumanización de las penas, es una estructura arcaica, terrible, concebida para destruir a los seres humanos que por desgracia caen en ella. Es increíble que aún así se llame a eso, centro privación de libertad para personas que han infringido la ley penal, cualquier personas con conocimiento medio puede concluir que en ella no solo están privado de libertad personas que han delinquido, sino, que por una perversidad del sistema de justicia penal, ahí están encerrados personas que luego resultan inocente de los hechos que inicialmente le fueron imputados. Lo cual constituye una aberración imperdonable de una sociedad que se jacta de decir que las penas tienen como finalidad la reeducación y reinserción social.


Los acontecimientos suscitados recientemente en ese mal llamado centro de reclusión, no es más que una muestra de las condiciones infrahumanas en las que están confinados esos cerca de ocho mil seres humanos entre inocentes y culpables de infringir la ley penal.

El Covid-19 solo ha servido para evidenciar a la sociedad lo que es conocido por los que sufren los rigores de ese centro y sus familiares y amigos. Culminando una semana de reflexión en los hogares por razones de confinamiento obligatorio, debido a la pandemia que afecta el mundo, unido a que en esta época se celebra la crucifixión y muerte de Jesucristo-que gracias al afecto del Coronavirus no logramos crucificarlo de nuevo-nos encargamos de enviar a la muerte a esos seres humanos que están encerrados en esa ergástula dantesca llamada “La Victoria”.

Es tan grande nuestra maldad, que como nos olvidamos de crucificar al Nazareno, decidimos sacrificar a esos «delincuentes». Que dios se apiade de nuestras almas, porque Satanás se ha apoderado de ella.

Ahí está “La Victoria” que da Pena.

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