NOTA CULTURAL –Recordando el criminal ametrallamiento de estudiantes frente al Palacio Nacional

Un día como hoy, 9 de febrero de 1966, un grupo de estudiantes universitarios y de la educación secundaria, con edades comprendidas entre 12 y 22 años de edad, fueron ametrallados frente al Palacio Nacional de la República Dominicana. Los estudiantes acudieron al Palacio a reclamar el reconocimiento de las nuevas autoridades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), producto del Movimiento Renovador que nació en el seno de la institución. También, a reclamar el subsidio para la Academia y a pedir la desocupación inmediata de las escuelas públicas ocupadas por las tropas interventoras estadounidenses. En medio de los reclamos, el gobierno, presidido por Héctor Rafael García Godoy Cáceres, autorizó que una comisión de estudiantes entrara al Palacio. La comisión estuvo integrada por los siguientes dirigentes estudiantiles: Amín Abel Hasbún, Diomedes Mercedes, Romeo Llinás y Carlos Dore. Mientras los comisionados dialogaban en Palacio con Jaime Manuel Fernández, que en ese entonces era secretario de estado, afuera las tropas militares y policías, de una manera inexplicable, dispararon sin piedad contra los indefensos estudiantes.

En la acción criminal perdieron la vida los siguientes estudiantes: Antonio Santos Méndez, Miguel Tolentino y Luis Jiménez. Un mes después, también murió Amelia Ricart Calventi, quien resultó gravemente herida en la escena. Otros que salieron gravemente heridos, pero lograron sobrevivir, fueron: Brunilda Amaral y Tony Pérez; ambos perdieron la movilidad de sus piernas, quedaron confinados a sillas de ruedas. Ese fatídico ametrallamiento a jóvenes y adolescentes indefensos, que no representaban peligro alguno, que solo hacían uso del sagrado derecho a protestar por la violación de la soberanía de la república, y a reclamar que se respetara la ley de autonomía de la UASD, fue un acto de barbarie, producto de la cobardía de un gobierno títere, que nunca pensó en las consecuencias antes de actuar.

Termino esta nota con un pensamiento de Francis Bacon, cito: “Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde”.

 

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