UNA CULTURA CONSTITUCIONAL NEFASTA

 

“Solo la cultura salva a los pueblos, dijo Pedro Henríquez Ureña”. Y no estaba equivocado, pueblos como el judío pudo mantenerse unido a través de los años de peregrinación y destierro por el mundo debido a la fortaleza de su cultura. Es que la cultura suele relacionarse con un conjunto de costumbre, ideas, desarrollo, creencias, etc., propios de un Pueblo, Estado o Sociedad con la cual se identifica cada uno de sus miembros. A través de las manifestaciones culturales, los pueblos expresan el nivel de desarrollo económico, educativo e institucional.

La constitución es una expresión cultural de una sociedad que debe servir de guía, tal como el Tanaj para el Judaísmo, la Biblia para el Cristianismo y el Corán para el Islamismo. Es decir, debe ser guía cultural y elemental para lograr una sociedad basada en valores como la justicia, la libertad y la igualdad.

Lograr ese grado de cultura constitucional solo es posible cuando los poderes públicos y los ciudadanos conocen y viven de manera efectiva el texto constitucional, sin pretender, que los fundamentos básicos de la constitución pueden cambiar por el solo hecho de los intereses particulares de grupos enquistados en el poder, dado que la constitución no debe ir y venir conforme a intereses momentáneos. De ahí que al hablar de cultura constitucional se puede colegir que se trata de las manifestaciones de apoyo y defensa que una sociedad realiza en referencia a su texto constitucional. Ello implica que una cultura constitucional deberá estar impregnada de valores superiores en los cuales los poderes públicos y la ciudadanía en sentido general practique hábitos y aptitudes que permitan entender que la constitución es la guía básica de las decisiones más trascendentales para la comunidad.

La República Dominicana se ha caracterizado por una cultura constitucional nefasta, dado que las manifestaciones de las instituciones políticas y sus dirigentes han procurado siempre que el texto constitucional sea acomodado a los intereses de grupos y ello ha contribuido al irrespeto constante de la Carta Sustantiva. De hecho de casi cuarenta modificaciones que ha recibido el texto constitucional dominicano, quizás menos de cinco han sido en procura de arraigar la cultura constitucional en beneficio de la sociedad, pues más de la mitad de esas modificaciones ha sido solo para salvar una crisis política del momento. Eso es una cultura constitucional nefasta.

Basta observar las sociedades occidentales más democráticas y desarrolladas para darse cuenta que los cambios constante en las constituciones no es parte de la agenda política de los gobernantes de turno; así Estados Unidos que ha mantenido por muchos años su texto constitucional si enmendarla por crisis políticas, le ha permitido centrar sus esfuerzo en el desarrollo económico, educativo y cultural de sus ciudadanos, convirtiéndolos en defensores de una cultura constitucional a favor de los derechos humanos y la justicia.

En la República Dominicana por el contrario y en gran parte de los países latinoamericanos las modificaciones constante al texto constitucional para salvar crisis del momento, se ha convertido en un obstáculo para el avance y desarrollo educativo, cultural y económico de la sociedad. Países como Venezuela, Bolivia, Argentina y otros, han introducidos cambios constantes en sus respectivas constituciones que le ha generado inestabilidad política.


Por el contrario países que tienen cierta estabilidad constitucional como Chile y Colombia han avanzado mucho más en sus respectivas culturas constitucionales y por ende en los aspectos económicos y educativos. Las constituciones vividas por la sociedad de manera plena, se convierte en agentes de cambios sociales (Saguez), por tanto, seguir con una cultura constitucional nefasta, solo permitirá caminar hacia el ostracismo, que es lo mismo que repetir cada cierto tiempo la misma crisis institucional por falta de una cultura constitucional sustentada en los valores superiores que encarna la Carta Magna. Ojala el freno social que se produjo sea para impulsar una cultura constitucional venturosa.

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