NAVIDAD ¡QUE CENA DEL DIABLO!

Dice la biblia «Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. San Mateo 24: 5 al 8».

El párrafo anterior refiere un mundo catastrófico, donde muchos se presentaran como la alternativa de solución de los problemas, lo cual no es contradictorio con las convulsiones sociales que se observan hoy en el mundo, sin embargo, las «sagradas» escrituras también aluden que en el mes de diciembre del año Uno de nuestra Era tuvo lugar el nacimiento de Jesús de Nazaret, el hijo de Dios que vino para salvar al mundo de la destrucción, la cual era la consecuencia necesaria del pecado.

Pero el nazareno llegó a la humanidad para un propósito justo, según lo que escribieron sus discípulos vino a “Salvar el Mundo”, jamás imaginó en aquel momento que iba a tener que enfrentar unos enemigos desafiantes y poderosos. Ni siquiera Satanás ha causado tanto estragos a la humanidad, como la ambición de los seres humanos por acumular riquezas y poder, así que no tendrá el diablo que hacer mucho esfuerzo para ver la destrucción que profetizaron los apóstoles de Jesús. Pues si bien Jesús quiso advertir sobre los daños que podía acarrear a la humanidad el hecho de apartarse de Dios y conducirse en una vida de pecado, es evidente que Satanás ha quedado corto cuando dijo que sería el Rey del mundo en base a la maldad que iba a impregnar en el hombre.

Basta ver los festejos que se realizan con el fin de celebrar el acontecimiento del nacimiento del hijo de Dios, ese Jesús que predicó la austeridad, condenando el derroche y la lujuria, echaría nuevamente los comerciantes del templo si pudiera venir a la tierra y ver como se derrocha los alimentos que podrían saciar el hambre de los niños que deambulan por las calles. Es que no se explica cómo un Estado con tantas deudas sociales pendientes puede erogar una cantidad de fondos en fiestas paganas que nada tienen que ver con el nacimiento del redentor de la humanidad, más bien lo que tenemos es un verdadero derroche satánico.

Las fiestas navideñas de las instituciones del Estado es un verdadero festín a Satanás. Mientras se predica la unión familiar, austeridad y bondad; sin control alguno se despilfarran los recursos que pagamos en impuestos. Mientras los niños deambulan en las calles como Jesús descalzo, se erogan cantidades exorbitantes de dinero por canastas de lujos para entregarla a funcionarios que tienen sus necesidades cubierta en demasía. Es obvio que el desenfreno, la codicia, el amor a las vanidades conspiran para que las fiestas navideñas se conviertan en una cena para el dispendio, en vez para la navidad.

Mientras lanzamos al zafacón durante estos días cantidades de alimentos podridos debido a la gula con la que compramos, seguimos mirando en cada barrio, pueblo o ciudad, como en nuestras caras se mueren los niños de desnutrición, nuestros ancianos sin medicamentos, nuestra juventud sin oportunidad laboral. Por eso, aquel hombre que salía polvoriento de la construcción de un gran hotel en el pueblo donde me quedé la semana de “Navidad” cuando le pregunté el 26 de diciembre ¿Cómo te fue anoche en la cena? Me respondió con razón ¡Será la cena del Diablo! No hay duda de que para muchos la cena de navidad: es la cena del diablo.

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