El juez siempre llevará la peor parte

Un juez es un servidor público cuya función principal es administrar justicia. Al realizar esta importante tarea debe ubicarse en un plano distinto al de las partes involucradas en la controversia que tiene que resolver. A éste, en su condición de tercero imparcial, solo se exige atender e interpretar las reglas establecidas en la ley, así como examinar objetivamente las pruebas que le han sido presentadas para su valoración,  de tal suerte que en su decisión haya una relación armónica entre pruebas y ley.

Hay que resaltar que la imparcialidad del juez se agota con su fallo. Con éste, el juez propone una solución al conflicto que le ha sido sometido por la partes en disputa y con la que evidentemente pone fin a su neutralidad. Y es partir de ese momento que, sin proponérselo, tanto él como su decisión serán partes del debate.

Cuando un juez da una decisión ésta suele ser analizada desde distintos ángulos. Algunos criticaran el contenido de la misma; lo harán desde un punto de vista técnico y examinaran  todos los argumentos que utilizó el juez para concluir de la manera como lo hizo. Otros, en cambio, cuestionaran al juez que la dio  y atacaran su reputación personal, pretendiendo descalificarlo por su supuesta falta de honradez o incompetencia profesional, probablemente porque sea la manera más barata de lograr un resultado, ya que el ataque personal requiere de poco esfuerzo intelectual.

Esto último, el atacar la reputación personal del juez, se ha convertido en una de las prácticas más habituales en nuestro país, ya que cada dominicano se siente con la suficiente autoridad para descalificar moralmente a un juez que da una decisión que no es de su agrado.

Por eso es que juzgar no es una tarea tan fácil como aparenta, que conlleva muchos riesgos, insatisfacciones y a veces mucha incomprensión de una parte importante de la ciudadanía, ya que  no hay forma humana de satisfacer a dos personas cuyos derechos han colisionado en un determinado momento. Una de las dos no estará conforme con la decisión que se tome, aunque en su interior reconozca que el motivo de su reclamo carece de fundamento.

Tan difícil es la tarea de juzgar que valoramos el trabajo del juez tomando como referencia una muestra poco representativa de su desempeño y, sobre todo, enfocándonos en dos o tres casos que hacen mucho ruido mediático y que en ocasiones no cuentan con el suficiente respaldo probatorio para lograr que la justicia esperada por la población prevalezca.

Ciertamente no se puede negar que en el sistema de justicia dominicano hay uno que otro juez que está más cerca del delito que de la administración de justicia. Al fin y al cabo no existe ningún cuerpo químicamente puro y nuestro sistema de justicia no es la excepción. Siempre habrá un juez cuyo desempeño profesional será notablemente cuestionable.

Sin embargo, y contrariamente a una idea muy prevaleciente en distintos círculos de opinión, en el sistema de justicia dominicano hay una mayoría abrumadora de jueces técnica y culturalmente bien dotados y, por qué no decirlo, éticamente competentes. Lo que ocurre es que siempre será más fácil arremeter contra el juez que da una decisión que no agrada a la mayoría, que buscar las posibles explicaciones de las razones del fallo en el desempeño de las partes en el proceso, en el inapropiado manejo de la jurisprudencia, de la filosofía del derecho, de la doctrina y de la técnica jurídica, o en el uso inadecuado de las pruebas y, en ocasiones, en la total ausencia de ellas. Es por ello que el juez siempre llevará la peor parte.

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