El eterno tema haitiano


El tradicional sermón de las siete palabras con el que la iglesia católica recuerda el padecimiento de Jesús en la cruz fue dedicado en esta ocasión al tema haitiano.

Los sacerdotes que fueron elegidos para pronunciar dicho sermón se dedicaron fundamentalmente a denunciar los supuestos maltratos que reciben los haitianos que viven ilegalmente en la República Dominicana, sumándose de este modo a la campaña internacional que hay en contra de nuestro país, y que tiene como punta de lanza a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.

Para estos sacerdotes y para los miembros de la CIDH, los haitianos que residen ilegalmente en nuestro país son objetos de discriminación y de odio por parte de los dominicanos, a quienes han tildado de xenófobos.

Sin embargo, los haitianos siguen llegando en masa a la República Dominicana por distintas vías, lo que indica que no es ciento que haya una política de discriminación ni una actitud de odio hacia los haitianos; más bien, lo que demuestra esto es que son mejores tratados aquí que en Haití, porque nadie abandona el supuesto bienestar que tiene en su país de origen para recibir maltratos y atropellos en un país vecino.

Entonces, ¿no resulta más razonable analizar las causas por las que los haitianos emigran de Haití? O mejor todavía, ¿no resulta más conveniente estudiar y establecer, si la tienen, la responsabilidad de la clase política haitiana en los niveles de atraso que acusa ese país?

Que el sector de la iglesia católica que tuvo a cargo el sermón de las siete palabras el pasado viernes santo no tenga respuestas a esas interrogantes resulta comprensible, aunque no comparto ninguno de sus planteamientos, pero que los países y los organismos que están detrás de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos no se hagan esos cuestionamientos es más que inaceptable.

Para la clase política haitiana ha sido un buen negocio la producción y exportación de pobres mientras ellos se enriquecen escandalosamente, sobre todo, porque en su papel de víctima han logrado sensibilizar a la comunidad internacional para que presionen a la República Dominicana y la obliguen a financiar la pobreza de Haití.

Al parecer, no ha sido la clase política haitiana la responsable de la precaria situación económica de Haití, sino los xenófobos dominicanos, a pesar de ser los únicos ciudadanos del mundo que verdaderamente han sido solidarios con el pueblo haitiano.

La hipócrita solidaridad de la comunidad internacional con respecto a Haití se ha limitado a papel, tinta y saliva, solo a eso, quizás sería bueno recordarle una canción del desaparecido cantautor venezolano Alí Primera llamada la noche del jabalí, donde le reclama enérgicamente a esa misma comunidad internacional su indiferencia frente a Haití.

Por eso me resulta inaceptable que se pretenda desconocer el derecho de la República Dominicana a definir e implementar una política migratoria adecuada a los intereses estratégicos que tiene como país; que se ignore el derecho soberano de la República Dominicana de imponer reglas, como lo hacen todos los países, y como también lo hace la iglesia católica con todos aquellos que adoptan su credo.

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